No es suficiente pedir disculpas a los maestros cuyas obras comento. Ellos, los autores, no lo saben. No lo sabrán jamas. Pero si por milagro alguna vez pudieran leer mis comentarios, con seguridad me rogarian que no se repita este desagradable hecho.
domingo, 18 de noviembre de 2012
domingo, 8 de julio de 2012
OTRAS LECTURAS QUE ESPERAN
No todo terminó con lo hasta aquí publicado. Tengo muchos otros libros leidos en todo este tiempo,. y a la brevedad, D´s mediante, los comentaré. Sandor Marai, Haruki Murakami, Piglia, son algunos. Releí por cuarta vez el ULISES de Joyce. Tengo otros comentarios pendiantes, al respecto.
Dentro de algunos días, espero ponerme a copiar y pegar mis nuevas lecturas.
Hasta entonces, los saluda cordialmente
Olga Alonso
Dentro de algunos días, espero ponerme a copiar y pegar mis nuevas lecturas.
Hasta entonces, los saluda cordialmente
Olga Alonso
martes, 17 de enero de 2012
EN LA BOCA DEL DRAGÓN
KEN FOLLETT
Un maestro de las tensiones, de la acción contínua, de los límites, de los personajes extremos.
Es el primer libro que leo de este autor, y debo confesar que no podía abandonarlo. Me impresionó su capacidad de enganchar al lector desde el comienzo, y cómo lo mantiene interesado hasta el final. Su narrativa es dúctil, pudiendo llegar a lo más fino sin romperse. Conoce la psicología del lector medio, y por eso viste a cada uno de sus personajes en cada una de sus apariciones, con la ropa adecuada, lo que ayuda a completar su descripción. Todo el tiempo Ken Follet viste a sus personajes.
La novela no decae en ningún momento. Es más, crece y crece la tensión de la historia, de tal modo que es imposible abandonar la lectura. Para eso utiliza la acción contínua, que describe hasta la manía.
El tema se apoya en un personaje que decide presionar al gobernador para que frene la construcción de una represa, y lo hace provocando terremotos, lo que obliga al FBI a tomar riendas en el asunto en la persona de una de sus agentes, para llegar a desenmascarar al individuo y evitar los sismos. El relato de los hechos está animado por el estilo de narrativa del autor, que fluye con total soltura, encadenando personajes, acciones y elementos de tecnología, sin que nada interrumpa la coherencia de la novela que, página a página, gana en tensiones hasta lograr un lector ávido que no abandonará la lectura hasta llegar al final de la historia.
Sismólogos, hippies y comuneros comedores de arroz, estos últimos liderados por un hombre que logra dominar con su personalidad al resto de los personajes, un poderoso camión vibrador sísmico, una hermosa agente del FBI con ojos orientales, un hippie de larga y oscura cabellera enrulada, son algunas de las herramientas que utiliza Ken Follet para esta novela.
Un maestro de las tensiones, de la acción contínua, de los límites, de los personajes extremos.
Es el primer libro que leo de este autor, y debo confesar que no podía abandonarlo. Me impresionó su capacidad de enganchar al lector desde el comienzo, y cómo lo mantiene interesado hasta el final. Su narrativa es dúctil, pudiendo llegar a lo más fino sin romperse. Conoce la psicología del lector medio, y por eso viste a cada uno de sus personajes en cada una de sus apariciones, con la ropa adecuada, lo que ayuda a completar su descripción. Todo el tiempo Ken Follet viste a sus personajes.
La novela no decae en ningún momento. Es más, crece y crece la tensión de la historia, de tal modo que es imposible abandonar la lectura. Para eso utiliza la acción contínua, que describe hasta la manía.
El tema se apoya en un personaje que decide presionar al gobernador para que frene la construcción de una represa, y lo hace provocando terremotos, lo que obliga al FBI a tomar riendas en el asunto en la persona de una de sus agentes, para llegar a desenmascarar al individuo y evitar los sismos. El relato de los hechos está animado por el estilo de narrativa del autor, que fluye con total soltura, encadenando personajes, acciones y elementos de tecnología, sin que nada interrumpa la coherencia de la novela que, página a página, gana en tensiones hasta lograr un lector ávido que no abandonará la lectura hasta llegar al final de la historia.
Sismólogos, hippies y comuneros comedores de arroz, estos últimos liderados por un hombre que logra dominar con su personalidad al resto de los personajes, un poderoso camión vibrador sísmico, una hermosa agente del FBI con ojos orientales, un hippie de larga y oscura cabellera enrulada, son algunas de las herramientas que utiliza Ken Follet para esta novela.
miércoles, 4 de enero de 2012
YASUNARI KAWABATA "La Casa de las bellas durmientes"
Terminé de leer "La casa de las bellas durmientes" de Yasunari
Kawabata. Lo compré buscando algo más oriental que Murakami, que
encuentro americanizado. El equilibrio en las descripciones creo que es
el mayor esfuerzo del trabajo. De un erotismo delicado aunque muy
sugestivo, pasa al conflictivo mundo interior de un anciano que duerme
junto a muchachas vírgenes narcotizadas, (sacrificadas para complacer a
ancianos impotentes y tal vez un tanto promiscuos).
Un
libro que no llega a las cien páginas, estremece hasta la pesadilla.
Detrás (en mi opinión) el oscuro destino que se otorga a la mujer como
simple objeto de placer para el hombre, permanece en todos los
personajes, incluida la madama que regentea la casa.
De
un lenguaje que cuida no llegar a los extremos, la novela se mueve
entre los perfiles duros de una realidad disfrazada de fantasía, a las
reflexiones filosóficas del personaje Eguchi, de su propio pensamiento
culposo que se pregunta acerca de los que acuden a la casa de las
durmientes: ¿pagarían dinero sin un sentimiento de culpabilidad por la
muchacha que les era sacrificada, o acaso la misma culpa secreta
contribuía a aumentar el placer?
Terrible y breve libro, con el
lenguaje de la poesía típica de las descripciones orientales, y la
fuerza latente del pecado asumido
LEYENDO
«El Túnel» de ERNESTO SÁBATO
Detrás del personaje torturado, fruto de la angustia existencial
que acomete al solitario en las grandes ciudades, está el hombre que se interna
dentro de sí mismo, en busca de sus más nocturnas contradicciones.
Juan Pablo Castel, artista plástico, es un personaje raro, en
quien sus constantes dudas suelen volcarse en ridículas fantasías donde él se
ve a veces como locuaz, otras como parco, cuando sueña el modo en que abordará
a la mujer amada.
Sábato rescata en esta obra, con admirable detallismo la desdicha
de la ridiculez.
El pintor se enamora de una mujer que asiste a la exposición de
sus cuadros. A partir de ese momento se desarrolla una historia que termina en
tragedia. No estamos cometiendo el desatino de contar el final de libro, sino
el comienzo: «Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a
María Iribarne».
A partir de esta confesión, el lector será despistado todo el
tiempo a través del lenguaje sombrío del personaje, cuya conducta extraña
resulta por momentos asfixiante, generando tensiones que llegan a un límite
exasperante del que aflojan de golpe, haciéndonos creer que por fin se vuelve a
la normalidad. Esta sensación dura poco, pues de nuevo se generan situaciones
contradictorias. A esta altura el lector ya está adaptado a los cambios de
humor de Castel, a su conducta extraña, a su locura y sus reflexiones
desesperadas e inconexas.
El personaje de Juan Pablo Castel, está minuciosamente descripto
por Sábato en las palabras del narrador, en sus acciones, en la exteriorización
de sus pensamientos.
La soledad absoluta del hombre que jamás podrá ser feliz, se hace
más consciente cuando se enfrenta con sus propios fantasmas, dentro del túnel.
Las fuerzas oscuras dominarán al hombre esta vez, como lo harán
más tarde en «Abadón el exterminador».
El autor del «Informe sobre ciegos, de «El escritor y sus
fantasmas», de los testimonios de «Nunca más», y de cada una de sus numerosas
obras, nos enfrenta a los dos extremos de los opuestos, extremos que ni
siquiera podemos ignorar cuando miramos algunos de sus cuadros.
(*) «¿Qué somos? ¿Adónde vamos… en este caos de sangres y
culturas? La literatura, esa híbrida expresión del espíritu humano que se
encuentra entre el arte y el pensamiento puro, entre la fantasía y la realidad,
puede dejar un profundo testimonio de ese trance, y quizá sea la única creación
que pueda hacerlo».
(*) del Informe sobre ciegos.
LEYENDO
EL PÉNDULO DE FOUCAULT
de Umberto Eco
Entretejida en una trama de misterios esotéricos, la historia
central del libro: una conspiración universal, nos hace pensar, después de
haberlo leido, que no todo es tan claro como creíamos.
Eco relaciona el péndulo de Foucault, sus connotaciones virtuales
y reales, con la primera Esfera del Arbol Sephirotal de la Kabbaláh: Keter.
Posteriormente irá dándole a cada capítulo el nombre de la siguiente Sephira:
Hochmah, Binah, Hesed, Geburah, Tipheret, Netzah, Hod, Yesod, Malkut, omitiendo
a la invisible Daath.
Sus disquisiciones acerca del Punto Quieto del péndulo, con la
idea de lo absoluto: el Todo o la Nada; su manifestación en el movimiento de
ritmo perfecto que el Punto que no puede dimensionarse proyecta hacia abajo; la
vinculación entre las imágenes que sugiere, con el origen del hombre y sus
migraciones, con los Sabios del comienzo, con sus inconmensurables descubrimientos,
con el «único lugar estable del cosmos» allá arriba, en Keter seguramente, el
instante inmediato anterior a la explosión del Big Bang, todo ello envilecido
por la inconsciencia manifiesta de la joven pareja - símbolo del número dos -
que lo contempla apenas curiosa, y que desconoce hasta sus propias funciones en
el Universo, no descomponen en ningún momento el armazón cabalístico que el
escritor se propone desde la primera línea, desde el título de la novela.
Paso a paso, mientras encierra los hechos en los siguientes
Sephirots nos sumerge en La Gran Pregunta iniciática, en la carrera secuencial
que desarrollaron los sabios guardadores de los Misterios, pasando por cada una
de las religiones creadas por el hombre, sectas, órdenes y hermandades que se
suponen o se saben, Rosacruces, Pitagóricos, Esenios, Templarios, Masones...
Más allá de la fascinación que ejerce su palabra escrita, el
erudito piamontés despliega una gama de recursos de información, ( por lógica
encierra secretos en una computadora a la que llaman Abulafia, ) que después abre en abanico, sin importarle
un ápice que el lector quede preso definitivamente (no estoy exagerando) entre
lecturas y posibles investigaciones.
Llegamos al corazón del libro; a la síntesis de todas las ideas,
de todos los misterios, cuando su amada, trazando un experto mapa numerológico,
le dice que está embarazada.
Casi al final, al encontrar
el Texto Clave, dice el narrador: «Más que leerlo, lo revivo». Decimos: el libro de Eco, más que releerlo,
lo revivimos.
LEYENDO
EN MEMORIA DE PAULINA
de Adolfo Bioy Casares
No sé por qué, pero siempre imaginé que escribió este cuento a
partir de una noche en que él y Borges conversaban en el corredor de una
quinta, tal como narra este último en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Estaban en un
extremo del corredor, en cuyo fondo había un espejo. Bioy se lo comentó a
Borges, sabiendo que éste le temía a los espejos, pero debía decírselo porque
Borges le había pedido que le describiera el sitio en el cual se encontraban
(deducción mía). El tema de conversación recayó fatalmente en los espejos, y
decidieron escribir cada uno un cuento. Borges creó «Tlön, Uqbar, Orbis
Tertius» y Bioy «En memoria de Paulina», los mejores cuentos que han escrito,
según mi gusto. Así creo que nació esta obra.
En memoria de Paulina es quizá el trabajo de Bioy Casares que más
me admiró por la maestría con que movió a sus personajes y sus vivencias: un
movimiento inesperado totalmente, que nos aleja y nos regresa transformándolo
todo, confundiendo las vidas en una simbiosis tal que, los meros recuerdos,
convertidos en imagen, superan toda hipótesis.
Poco hay que decir, sólo debe ser experimentado más que leído,
este trabajo que narra sentimientos y hechos con crudeza tal que, el lector no
puede eludir involucrarse en la trama para entender aquello que el escritor nos
dice con toda claridad, pero nos llega a través de un espacio velado.
El amor imposible y la imposible resignación; la fuerza de lo
brutal acometiendo la carne y el espíritu, aquello capaz de violar lo más
amado; la increíble fuerza de los celos incontrolables; el regreso hacia la
luz, la inevitable caída de los velos, la irremediable verdad, la muerte.
Maestría y talento unidos en una obra que no se puede dejar de
leer.
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